José
Asensi
El sigue siendo aquél, genio y figura. Artista hasta
la médula, porque artista nació "El niño
de Linares".
Ahora
ya lleva la friolera de treinta años y un día
amarrado a su voz y su arte, condenando de por vida a seguir
siendo aquel, subido a un escenario, sublimando historias,
derramándose en gestos y sudores llenando de electricidad
y arte cada nota, cada palabra, cada canción; digand
lo que digan...
Su travesía
comenzó en Madrid hace treinta años, "a
bordo de una galera" donde, cada día y por 200
pesetas, aquel Raphael de 15 años, se dejaba sobre
el escenario el arte y la piel. Recaló en Benidorm,
tras ganar aquel importante festival, su voz y sus ansias
le "llevan" a una larga travesía de triunfos,
que ya dura tres décadas. Raphael surca los siete
mares, traspasa todas las fronteras y rompe todos los records;
más que nadie hasta entonces; y antes que nadie y
para siempre.
El Olympia
de París y el teatro de la Zarzuela de Madrid constituyen,
en aquel tiempo, dos plazas transcendentales, conquistadas
por Raphael que sigue su ruta presentándose, por
dos años consecutivos, en el festival de Eurovisión,
para gritarle al mundo "Yo soy aquél" ...y
ya no deja de serlo nunca.
Sigue
adelante, impulsado por el fervor del público y ondeando
la bandera de su temperamento y su casta. Estados Unidos,
Rusia, Japón, Australia... cine en España
y América, galas por el mundo entero y millones de
discos vendidos. Condecoraciones, honores, el primer Disco
de Uranio, el aplauso y la admiración del mundo entero...
y el amor que nace en Madrid y se consagra en Venecia hace
ahora 19 años.
Y por
delante de todo, su prodigiosa voz, su arte inconfundible
y su arrollador temperamento. Sabe hacer un himno de cada
canción y vive en, por y para el escenario: vibrante
y brillante, retador y arrebatador, trágico y mágico,
expresivo y a veces excesivo, siempre divo, siempre vivo...
Triunfante
vencedor en miles de plazas de todo el mundo. Protagonista
de mil historias y canciones, inventadas por otros, pero
vividas, sentidas y transmitidas por su voz, su arte y su
gesto.
Vestido
siempre de negro y empapado de emoción para que los
besos sean más ardientes y las promesas más
vehementes, la felicidad mas desbordante y la tristeza aun
más aplastante, los amores más vibrantes y
los desamores más axfisiantes. Nadie como él,
como Raphael, para darle a cada emoción su grado
máximo, para elevar el área de lo divino,
bordear la raya del drama, para volcarse en el escenario
y hacer cómplice en su ceremonia a todo aquel que
lo escuche y lo sienta.
¿Quién
no ha querido, alguna vez, borracho de contradiciones, desnudo
de prejuicios, extasiado de felicidad o lacerado por el
desamor, ser Raphael? y subirse a un escenario y gritar
que se tiene el corazón en carne viva, y denunciar
lo que es estar enamorado, o confesar que se tiene miedo
a la noche... El lleva treinta años diciéndolo
por todos nosotros día tras día, coleccionando
aplausos, sonrisas y lágrimas, cargado con los miles
de notas y versos, que otros -Manuel Alejandro, Perales,
Adamo, Aznavour, Manzanero y muchos más-, escribieron
y a los que Raphael dio alma, corazón y vida.
Sus
treinta canciones más emblemáticas, las más
grandes, las que todos le hemos aplaudido y coreado, se
ofrecen en este album-homenaje con el que Hispavox, su compañía
discográfica "de siempre", quiere celebrar
el Treinta Aniversario Artístico de "El niño
de Linares".
Y los
que llevamos años y años viéndole crecer
en arte y éxito, ante Dios y ante los hombres, solo
pedimos poder seguir contando con Raphael por muchos años
más, para poder seguir sientiendo las emociones al
máximo, las alegrias a tope, los dramas con desgarro,
los desplantes con garbo, para... en una palabra, poder
seguir.
Gracias
Raphael, compañero coplero del alma, compañero. |