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Digan lo que Digan
(The Golden Boy) |
Alaska
EL PAIS
Hay artistas que cultivan estilos musicales
que resultan (o no) de nuestro agrado, y hay fenómenos que no
pueden ser incluidos dentro de ninguna tendencia. Raphael es
para mí un claro ejemplo de este segundo caso, con la curiosa
diferencia de que él creó un estilo, un modo de hacer y de decir
que produjo miles de imitadores, pues no eran otra cosa.
Hay artistas que canta bien o tienen buena voz, o que son grandes
intérpretes, Raphael es un compendio de todo esto. Y más. Si
la pasión se expresa más allá de una buena canción, si el drama
traspasa el espacio reservado a la música, eso es Raphael.
Hay artistas en los que la canción romántica se vuelve una ñoña
vuelta por el parque tomados de la mano o, por el contrario,
ellos mismos se convierten en sus temas, en perdedores pasivos
y lloran. Raphael cuando habla de amor lo hace así, con mayúsculas,
dejando sentir algo intenso que va más allá. Y cuando es el
perdedor no pierde su poder, al contrario, se convierte en el
antihéroe, en un Bogart que no pierde su dignidad a la vez que
pierde a 'su chica'.
Hay artistas que adornan sus espectáculos con ballets de modernas
coreografías, con efectos espectaculares; que adornan sus escenarios
con grandes decorados, que adornan sus voces con unos coros
que las arropan. Artistas que, en muchos casos, necesitan de
esto al carecer del carisma necesario, pero Raphael no se necesita
más que a él, monstruo de escenario por excelencia.
Hay artistas que son guapos y no cantan; los hay que cantan
muy bien, los hay que componen sus propias canciones, los hay
que no ofrecen ningún interés cuando cierran sus bocas para
cantar y las abren para hablar. Pero también los hay que más
allá de sus cualidades, de su cerrado campo de actividad, trascienden
al nivel de personajes, y entre ellos Raphael.
Hay artistas que cuando se convierten en personajes suscitan
pasiones encontradas, el amor más reverencial o el desprecio
más intenso. Pero nunca, la indiferencia. ¿Quién puede ser indiferente
ante Raphael?
Hay artistas que triunfan en un momento adecuado y que luego
pasan de moda, desapareciendo o siendo 'obligados a desaparecer'.
Algunos, sabiendo esto, cambian sus estilos de música, su ropa,
su peinado y su actitud, aconsejados no se sabe si por la providencia
o por el enemigo. La personalidad de Raphael está por encima
de los años, de las modas, de los posibles consejos recibidos.
Hay artistas a los que, por esto de las modas, les compramos
los discos, siendo removidos éstos hacia rastros y mercadillos
con el paso del tiempo. Y hay artistas de los que la gente (servidora)
se enorgullece de haber adquirido su primer disco a los siete
años de tierna edad y todavía lo conservo como oro en paño.
Raphaelista hasta la médula. Digan lo que digan.
Hay artistas. Y esta noche, Raphael, tu escenario se cubrirá
de flores y tú, con esa sonrisa tuya, las agradecerás, y Perales
y Manuel Alejandro, una vez más, se sentirán tranquilos como
padres creadores de tus canciones al ver al 'padre adoptivo'
que las acuña y enriquece.
Hay artistas. Gracias, Raphael. Gracias, artista.
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