SILVINA LAMAZARES
Enviada especial en MADRID
Domingo
16 de setiembre de 2001
CLARIN
El cantante abrió las puertas de su mansión
para repasar sus 39 años de carrera, antes del show
que dará en Buenos Aires. Locuaz, el inefable "Niño"
habló de sus amigos y enemigos, su familia y su "odio
al pasado".
No es fácil llegar a la casa de Raphael. No es fácil
entrar a la casa de Raphael. Esa es su idea. Desde el centro
de Madrid, hay que transitar media hora de autopista hacia
el oeste, tomar la Carretera de Boadilla del Monte, bajar
en el acceso de uno de los barrios privados más privados
de la ciudad (pide no publicar el nombre), esperar que la
barrera se levante después de un par de chequeos telefónicos.
Dos cuadras a la derecha, girar a la izquierda, una suerte
de gallito ciego y ahí se intuye la mansión,
detrás del muro. Hay cuatro timbres. Recién
con el último, Carlota, la ama de llaves, abre la puerta.
Un largo y cuidado jardín, una corta espera bajo techo
y aparece el Niño grande. Que dice: ¿Visste
el passtito que le pussieron al Obelissco?
- ¿...?
- ¿Visste el passtito que le pussieron al Obelissco?
Es una frase muy pintoresca que una vez, hace como 30 años,
me la dijo un argentino y no me la puedo olvidar. Y siempre
que veo a un argentino se la digo con esa tonada bien de ustedes,
marcando las eses.
Buen
anfitrión, el dueño de casa tenía preparado
el sketch de bienvenida para recibir a Clarín en una
calurosa tarde del verano europeo. De camisa azul, pantalón
negro y buen humor, invita a sentarse en alguno de los cuatro
minilivings del living, todos con sus respectivos sillones
y mesitas ratonas. Ideal para esas fiestas de cumpleaños
en las que resulta imposible mezclar a los amigos del trabajo
con los de la facultad y los del barrio.
"Con
39 años de carrera, puedo tener la casa que quiero.
Pero no la tengo para exhibir, sino para disfrutarla. Yo no
oculto, pero tampoco muestro por mostrar. De hecho, nunca
entra la prensa
Se ve que hoy me agarraron bueno", desafía.
-
¿Por qué? ¿Sos malo?
- Ni malo ni bueno. Soy éste. O aquel (como parafraseando
uno de sus hits). No me arrepiento de nada. Hago lo que me
da la gana
cuando me da la gana.
Después
de tamaña declaración de principios y de asegurarse
de que uno haya visto el disco de uranio (equivalente a más
de 50 millones de copias vendidas de todos sus trabajos) que
brilla sobre el piano, confiesa que "estoy entrando en
una nueva etapa, en la que ya no me preocupan las cifras.
Antes llevaba toda la contabilidad de mi oficina. Ya no. Decidí
relajarme: vivía muy pendiente, con un poco de sufrimiento,
hasta que el año pasado el ministro de Trabajo de España
me entregó una medalla de honor. Ahí sentí
que a algún lugar importante había llegado y
aflojé. Y decidí divertirme un poco más".
A
modo de ejemplo de su cambio de actitud, cita la edición
de Maldito Raphael, su 92° disco, con viejos temas conocidos,
ninguno suyo, "junto a artistas invitados. Parecía
una locura. Pero me di el gusto y encima, sin buscarlo, convoqué
al público adolescente. Chicos que quizás habían
oído a sus padres hablar de Raphael, pero ellos, de
mí, ni noticias". Tras la última gota del
segundo vaso de agua helada que toma para combatir el calor,
jura que no buscó ese efecto comercial, pero que lo
encontró el día que resolvió "hacer
un disco bailable con canciones que yo me sabía de
memoria. Las que se silban por la calle. Las que canto en
la ducha".
-
¿No cantás las tuyas?
- No, qué va. Yo no me canto. Es más, evito
oir mis discos. Si en la radio del auto aparezco yo, muevo
el dial. En mi casa tampoco suena mi música. Es absurdo.
- ¿Para tanto?
- La mía es una familia muy normal.
- ¿Escuchar a Raphael no es normal?
- Digo que no puedo vivir todo el día con Raphael.
No es bueno para mí ni para mi gente. No soy tan ególatra.
Además, tengo muy claro que Raphael a secas es uno
y que Raphael Marcos Sánchez Bustos Martínez
Martos es otro.
Ese, el de los muchos apellidos y una Z permanente en el decir,
asegura haber nacido el 5 de mayo del 45, en Linares, Andalucía.
A los 9 años se convirtió en la Mejor Voz Infantil
de Europa, según un jurado del Festival de Salzburgo.
De
ahí en más, apoyado por su familia, de orígenes
humildes, alternó el colegio con el canto, hasta que
debutó en 1962 con el disco Tú, Cupido. Y de
la mano del melódico español, con mucha gestualidad
a cuestas, se presentó en los grandes teatros del mundo,
como el Carnegie Hall de Nueva York, el Opera House de Sydney,
el Bolshoi de Moscú, el Palau de Barcelona, el Bellas
Artes de México. Las puertas de la Argentina se le
abrieron en 1966, con su meneo típico al ritmo de Yo
soy aquel.
A
modo de autoanálisis, descubre que algunas de sus canciones
representan paradas clave en sus casi 40 años de escenarios: "El tamborilero delata mis inicios, con un poco de timidez,
como dando examen. Ya con 21 años, Yo soy aquel y luego
Digan lo que digan marcan mi apertura en América. Amor
mío, en los 70, refleja un poco de sensatez. Qué
sabe nadie y en carne viva aparecen como los productos más
cociditos, de buena factura. Y el divertimento llega con Escándalo,
que dio que hablar en todo el planeta. Y para mí, el
boom fue Jeckyll y Hyde, el año pasado, que lo convertí
en disco y en obra de teatro. Eso fue el gran salto al vacío
y creo que cai bien parado".
Padre
de tres hijos (Jacobo de 28, Alejandra de 27 y Manuel de 22)
y marido de la escritora Natalia Figueroa, el hombre que en
su intimidad escucha música flamenca y sinfónica
admite que "odio el ayer, detesto la tendencia evocativa.
A mí me inquieta el después, la sorpresa...
Por eso escribí lo que escribí", desliza,
como promocionando su primer libro autobiográfico,
Y mañana, ¿qué?, cuya segunda parte (de
las cuatro previstas) se publicará el año que
viene.
Y
su mañana, casi de modo literal, lo encontrará
viajando a la Argentina (actuará el fin de semana en
el Teatro Avenida), sin saber si hará la gira que tenía
prevista para octubre y noviembre por los Estados Unidos.
En diciembre volverá a Madrid para grabar el especial
de Navidad que siempre hace para la TV española, en
enero grabará su disco número 93 y hacia mitad
de año intentará retomar el musical Jeckyll
y Hyde. No para. Y al respecto se asume: "Hay que quererme
mucho para trabajar conmigo".
-
¿Y vos te querés?
- No, no creo. No trabajaría tanto. Pero la suerte
es un carro que pasa una sola vez por delante y no todos lo
saben ver. Yo supe. Y el secreto radica en que una vez que
estás arriba, que no te bajen ni a patadas.
-
¿Intentaron bajarte?
- Seguramente y no han podido. Yo me agarro fuerte de mi familia
y mis amigos... No tengo muchos, pero son leales. Un plan
que me encanta es que vengan a comer a casa, en la intimidad.
- ¿Y quién cocina?
- Carlota. Lo hace fenomenal, pero si se da la situación
yo también puedo. Para mí, la cocina es un arte
y el mejor artista es aquel que abre la nevera y resuelve
con lo que tiene.
- Con una heladera llena ¿cuál es tu fuerte?
- Un plato francés que equivale a la paella española.
Es como una gran sopa de pescado con mariscos y muchas cositas.
Pero lo hago cuando quiero. Si es por obligación, digo
que no.
- ¿Decís que no muy seguido?
- Hay que decir muchas veces que no. Más vale ponerse
una vez colorado, que cien amarillo.
Intimidades
de una casa fastuosa
La
residencia se llama Los Martos, es de 1972 y queda en las
afueras de Madrid. Tiene innumerables cuadros, un jardín
enorme, una pileta profunda, un estudio de grabación
en el sótano y, arriba, su despacho privado.
En "Los Martos", la casa que se mandó a construir
Raphael en 1972, viven el hombre, su mujer, sus dos hijos
solteros (Alejandra dio el sí, quiero hace dos meses)
y un equipo de asistentes, liderados por Carlota, la encargada
de atender a las visitas. La mansión, de tres plantas,
fue diseñada por un arquitecto mexicano, que se ganó
la obra por ser amigo del cantante... pero casi pierde la
amistad.
"Me
aseguró que toda la construcción duraría
ocho meses, por lo que nos fuimos a vivir al estudio, chiquito,
que yo tenía en Madrid... donde finalmente nacieron
mis dos primeros hijos, porque la casa se terminó después
de tres años. Como quedó fantástica,
no me enojé", dice, orgulloso de sus 10 ambientes,
un jardín bien regado, una pileta profunda, un estudio
de grabación en el sótano y su despacho arriba
de todo.
De
afuera no se ve nada, adentro no dan los ojos. Todo es grande,
impecable, adornado con el estilo de los Martos: mucho ribete
dorado y plateado, una pared del living invadida por 36 cuadros
con imágenes religiosas, un rincón dominado
por el retrato que el ecuatoriano Guayasamín le pintó
al óleo, y un piso de madera buena, un roble caro pero
que no luce. Raphael ordenó laquear todo el piso de
blanco brillante, que refleja el andar.
Aclara
que la mayoría de sus fotos artísticas está
en su oficina del centro de Madrid -a la que va todos los
días en uno de sus tres autos, que maneja Julio, su
chofer-, pero en una mesita redonda, de cara al jardín,
15 portarretratos lo muestran junto a Plácido Domingo,
Carlos Aznar, Liza Minnelli, su mujer y sus hijos.
De
todos los subsectores del living, él prefiere el del
sillón blanco de ocho cuerpos. Enfrente, armó
un esquinero de ¡12 cuerpos!, con una mesa en L, de
la que asoman dos maceteros con plantas de interior. "Al
arquitecto le pedí mucha luz, un estilo mediterráneo,
mucho blanco y plantas por todas partes", detalla Raphael,
que se enorgullece en contar que el pino más alto es
el que habían usado como árbol de Navidad en
el 75 y que él mismo plantó unos días
después.
Maldita historia
Cuenta
que mientras grababa uno de los temas de su último
disco, el productor musical le mandó vía auricular
un sonido terrible. Y Raphael, algo aturdido, sólo
atinó a gritarle un Sos maldito: "Esa es otra
de las frases que aprendí en la Argentina y que la
uso a menudo". Maldito eres tú, le recriminó
Carlos Jean. Y quedó Maldito Raphael, nomás,
como título de la placa en ritmo de dance, un toque
inédito en su carrera.
Con
una tapa que lo muestra dibujado, muy onda 70, junto a diez
caricaturas de chicas conocidas, el disco lo encuentra cantando
con Rita Pavone, Jeanette, Rocío Jurado, Pastora Soler,
entre otras.
Una
vez que resolvió -con cierta resistencia interna- no
incluir temas suyos, optó por armar el repertorio con
canciones conocidas, como Only You, Sevilla, I Say a Little
Prayer, Una rosa es una rosa, Yes, Sir, I Can Boogie y Joselito
. "La contra que tiene es que al presentarlo tenés
que moverte como si fueras joven... Igualmente, mi cuerpo
tiene aguante", se ufana el Niño eterno.
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