Raphael
EFE
DIC'78
Como me acaban de regalar unos "shorts" y unas zapatillas
de tenis, he querido hacerles honor y he saldo a correr por
una avenida solitaria a la orilla del mar Caribe, en compañía
de Manuel Varela, que es mi "guitarra bajo". Y qué casualidad:
es el más alto del grupo que acompaña mis presentaciones.
El resultado han sido unas tremendas agujetas que me tienen
baldado. No sé qué voy a hacer esta noche para llevar mi recital
a buen término sin que se note demasiado que apenas puedo
moverme. Bueno... Así dirán que soy un artista muy sobrio...
¿Quién me manda meterme a emular a Mariano Haro?
En mi suite, esta tarde, he estado hablando mucho tiempo con
mis amigos los periodistas. Ha sido toda una tarde dedicada
a ellos, cumpliendo las citas que tanto mi representante,
por un lado, como la marca de discos que edita los míos aquí,
por el suyo, habían concertado. Han venido varios grupos,
han sido como varias pequeñas ruedas de prensa informales.
Yo lo prefiero así. Cada vez me gustan menos las ruedas de
prensa a la antigua, en un salón de hotel, donde siempre te
colocan en un estrado, con un vaso de agua cerca y medio centenar
de informadores enfrente, que en la mayoría de los casos ni
siquiera llegan a hablar. Se dedican a observar durante un
largo tiempo y... nada más. ¡Apenas nada más! En esos momentos
me hacen sentir igual que un mono en su jaula observado por
un colegio entero de niños en excursión un domingo por la
mañana... Hasta me parece oírlos decir "¡Aquí le tienen! ¡Es
un cantante, rara especie del género humano que emite sonidos
guturales a veces agradables!
No, decididamente esas ruedas de prensa no me agradan demasiado.
Las prefiero así, en pequeños grupos, en mi "suite" tomando
una copa tranquilamente. Pienso que las otras están por completo
pasadas de moda, son del siglo pasado. En pequeños grupos
se puede dialogar más abiertamente y se es más sincero. Ellos
los periodistas se encuentran más a gusto, nada cohibidos,
y el entrevistado -en este caso un servidor- mil veces mejor
también, y sin complejos de mono.
Como les decía, esta tarde he estado dedicados a ellos. Se
ha hablado mucho de la forma en que escriben ahora muchos
colegas suyos españoles. Yo me he limitado a escucharles.
Pienso que de esta materia saben más.
-¡Pero no ha notado con qué falta de respeto hablan de dirigentes
de su Gobierno y de todos los políticos en general? Me decían.
Y continuaban:
-¿Pero cómo se puede opinar en letra impresa que tal o cuál
ministro empezó a hablar y les dió el coñazo... por ejemplo?
¿Cómo se pueden usar palabras tan soeces para reflejar una
situación política, sea del color que sea? ¡Y no digamos el
vocabulario que algunos usan para describir a tal o cual actriz,
modelo o lo que sea, del cine de ustedes!
Yo escuchaba y miraba a unos y a otros. No les contestaba,
pues en realidad no habría sabido qué decirles, ni debo tampoco
hacerlo en asuntos que no me conciernen. Aunque no les falta
razón. Me ponían ejemplos de publicaciones como el New York
Times por nombrar alguna. "Jamás ellos manejan esa clase de
vocabulario y quizás digan cosas más duras que las que se
pueden publicar en el país de usted... Esas palabras de moda
en su país están más de acuerdo con las publicaciones de tipo
amarillista que, desgraciadamente, tanto abundan pero jamás
para ser leídas en un periódico serio..."
Y seguían discutiendo entre ellos. Unos decían que la culpa
de esta situación la tenía la tremenda represión que durante
tantos años habíamos padecido... Otros el mal uso que de la
reciente libertad hacían algunos... Yo les seguía observando
y pensaba que ya está bien de echarle la culpa de todo a la
tan traída y llevada represión. A este paso, solo falta que
Franco haya tendió la culpa de que la Taylor y Burton se divorciaran...
Ya es lo único que me falta escuchar de un tiempo a esta parte.
Recuerdo que hace unos años, no demasiados, se decía a cada
momento que no aparecían nuevos talentos en mi país. Ningún
nuevo escritor porque estaban oprimidos... Y claro, así no
había manera, no se podía estrenar nada, todo lo mutilaba
la censura, todos estaban pisados por el mismo pie... Pie
que cabeza. Yo, entonces me lo creía, qué remedio. Ahora después
de algunos años, me empiezo a preguntar: "dónde están esos
talentos escondidos?" No se les ve por ninguna parte. Quizás
no se han enterado de que ya el pie que los tenía tan sujetos
por el cuello, ha desaparecido, ya no está entre nosotros.
Si, debe ser eso, que aún no se han enterado. Porque lo último
que debemos pensar es que en realidad no había tales talentos.
No, no: esto sería demasiado triste. Más vale seguir creyendo
lo primero.
Mis amigos los periodistas seguían y seguían discutiendo entre
taza y taza de café y algún que otro whisky, poniéndome al
día de mil cosas que no pertenecen precisamente a mi mundo,
ese "del espectáculo".
Anuncios Insólitos
He visto en TV dos anuncios que han llamado mi atención
por lo insólito. Uno de ellos me ha indignado: "Allí
donde las desgracias suceden está su canal X",
(póngase en la "X" el nombre de dicho canal).
¡Es como vanagloriarse de ser la emisora de TV de mayores
desgracias. ¿Adónde vamos a parar, señores?
Qué distinto sería oír "Allí
donde está la noticia amable, la noticia feliz, está
su canal "X"..."
El
otro anuncio, siguiendo la campaña de nueva muñeca,
se la da de beber agua brota una especie de salpullido allí
donde la espalda pierde su nombre... Luego, se frota y vuelve
a quedar limpia como por arte de magia. Después
se le vuelve a dar agua y... granos en sus posaderas. ¿Qué
inventarán para el próximo año? Me parece
ver la cara de mi hija ante este nuevo descubrimiento. Seguro
que me dirá: "¡Pero qué cochina!...
¿verdad, papá? " Y tendría razón.
Aunque yo usaría alguna palabra más vulgar....
El
renacer de Cristo
Un botones del hotel me acaba de subir un libro sobre Cristo,
que me mandan unos amigos puertorriqueños. Desde hace
varios meses vengo observando el gran movimiento que sobre
este importantísimo tema hay en el mundo donde me encuentro.
Me hablan de Cristo en los lugares más inverosímiles:
en TV, en el teatro, durante un cóctel, y hasta en
mi camerino, antes de dar comienzo un recital. Y lo más
curioso es que son mis propios compañeros de profesión
quienes lo hacen: cantantes, actores, bailarines y músicos.
Algunos de ellos suelen hablar de Cristo en sus mismos espectáculos.
Entre canción y canción se dirigen al "respetable"
y le exhortan a pensar en Cristo, a que hablen de El a sus
familiares y amigos... Pero no vayan a creer que solo en el
ambiente del espectáculo hay este grandioso movimiento,
no. Senadores, gobernadores y muchos políticos me han
hablado del mismo tema en estos días. Yo pensaba -mal
pensado- que sólo se hablaba de esto Testigos de Jehová,
y otras sectas en la calle. Ayer precisamente escuché
en TV que el plantel de actores de dicho canal había
celebrado un cóctel con motivo del comienzo de rodaje
de una nueva serie, y rezaron todos juntos al final, encomendándose
a Cristo para la buena marcha de su nuevo trabajo.
Ahora
mismo me acaban de regalar otro libro, éste escrito
por Charles W. Coplson, famoso hombre del gobierno de Richard
Nixon, durante el tristemente célebre Watergate, en
el que relata su historia y cómo "entró"
-según él dice- en Cristo. Es muy interesante.
Se llama "Nací de Nuevo". Curioso, yo tengo
una canción -de mis preferidas- que se llama "Volveré
a Nacer". Pero, claro, no tienen nada que ver con este
libro mi canción.
Esta
noche ha sido una gran noche. El recital salió redondo:
de sonido, de luces, de todo. ¡Estoy contento!
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